Ya ves que en esta vida todo se acaba, esforzada lectora o lector. Ojo, no te preocupes que no me va a dar ahora por largarte un discursito filosófico, en plan Aristóteles. Lo que se está acabando es, quizá, tu capacidad de resistencia, pues te has tragado ya en esta parte del libro, las diez recomendaciones de carácter político, las seis sugerencias hacendísticas, los siete apuntes para una mejor defensa del Concierto, las cuatro líneas de mejora en los fundamentos del mismo y las seis propuestas para mejorar su difusión. ¡Increíble!

Si todavía no has quedado “kaputt” con las treinta y tres propuestas anteriores, te recomiendo que aguantes un poquito más, porque ya solo te quedan por superar los cinco ajustes que propongo en cuestiones que básicamente son de gestión. Por lo tanto, se trata de una parte más técnica que las anteriores. No te asustes, porque espero que te interesen los puntos que voy a tocar. Son los siguientes:

  • Identificar y cortar radicalmente conductas delictivas o impropias.
  • Evitar graves errores de gestión que afectan a los contribuyentes.
  • Mejorar la situación de los contribuyentes, cuando surgen conflictos entre las Administraciones.
  • Mejorar el régimen de tributación de los grupos de sociedades, con filiales en territorio común y en el País Vasco.
  • Terminar con el régimen privilegiado de tributación de determinados colectivos.

¿A que una vez vistos los temas no te han parecido tan horrorosos como pensabas? Ya has visto que, además de empezar por los delitos, he dejado para el final un capítulo que tiene tralla. ¡Vamos a hablar en él de “panem et circenses!”.

¿Que qué es eso? Veo que no has leído las famosas “Sátiras” del poeta Décimo Juno Juvenal que vivió en la época del Emperador Trajano. Como castigo, no te cuento nada, ahora y te obligo a leer los cuatro capítulos anteriores antes de llegar a ese.

Perdona que sea tan cruel, pero eso ya lo sabías. Porque, si no, ¿cómo se me podría ocurrir escribir un libro tan torturador como éste?

Identificar y cortar radicalmente conductas delictivas o impropias

Una situación muy negativa

Con solo leer cualquier día alguno de los periódicos que puedes encontrar en el quiosco de la esquina, te habrás dado cuenta de la gran cantidad de escándalos de corrupción que están saliendo a la luz en España. Son múltiples y variopintos, muchos de ellos ya en fase de instrucción, o en la del juicio penal, en diversos Juzgados.

La sucesión de casos y más casos de corrupción (Gurtel, Bárcenas, Marbella, ERE, Noos, Aizoon, Palma Arena, políticos con cuentas en Suiza etc.) ha sido interminable y se puede resumir en 800 casos detectados en trece años, con dos mil personas detenidas.

El gran caudal de casos explica la creciente atención que se viene prestando a estos temas por los medios de comunicación, un termómetro indicativo del interés que el tema suscita en la sociedad española. Como señala acertadamente el profesor del ESADE, Juan Ramis-Pujol “en el pasado la población no estaba muy al corriente de las vergüenzas y los entresijos del poder. Hoy los medios de comunicación e internet facilitan un mayor acceso y difusión de la información. Surge así un problema adicional: la ciudadanía percibe que la corrupción se generaliza y la impunidad es demasiado frecuente”.

No podía ser menos, porque, si las informaciones que he podido leer tienen algo de verdad –y me da el pálpito de que tienen mucha– se puede llegar a la tristísima conclusión de que miembros de diversos partidos políticos, banqueros, empresarios, sindicatos, e incluso altos estamentos del Estado, se han visto implicados en distintos casos de corrupción, siempre con ánimo de aumentar sus patrimonios, prevaliéndose de sus cargos.

Con ello, la imagen de España ha quedado muy deteriorada. Tal y como indica el “Índice 2013 de Percepción de la Corrupción” que publica la ONG “Transparencia Internacional”, España se situaba en el puesto 40 en un ranking formado por 177 países, iniciado por el país menos corrupto, Dinamarca, –habiendo descendido en los últimos diecinueve años, una media de una posición por año–, siendo junto a Siria, el país donde más había aumentado la preocupación por la corrupción. Entre los veintiocho miembros de la Unión Europea, el Estado español se situaba en el puesto número 15 de ese mismo ranking.

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