Acabamos de completar un Título interesante, en el que me he atrevido a hacer tres recomendaciones a los críticos del Consejo y una sola pregunta (¡y además en latín! Para que veas que los irredentos vascos sabemos idiomas). No sé lo que pensarás, pero la verdad es que, como ya te he anticipado, no estoy muy optimista sobre mis capacidades para convencer a ese nutrido grupo de partidos, políticos, académicos, medios de comunicación, etc. que están disconformes con el sistema concertado. Pero, al menos, he cumplido con mi obligación intentándolo.

En el Título que vamos a iniciar ahora lo que pretendo no es hacer recomendaciones a los críticos, sino trasladar reflexiones a personas que aman al Concierto. En concreto a ti, que estás demostrando ese cariño y ese respeto por el sistema foral tradicional que establece las relaciones financieras y tributarias entre el Estado y el País Vasco de una forma evidente: leyendo esta abrumadora obra. ¡Una tarea titánica! Que te cualifica para empresas aún mayores (no me quiero meter en tu vida, por lo que lo dejo a tu criterio).

Pretendo, por lo tanto, hacerte pensar sobre tres cuestiones concretas. La primera es que el Concierto y el Cupo irán variando a lo largo del tiempo, como lo vienen haciendo desde el año 1978, pero no por la vía de la imposición, sino por la del pacto.

La segunda es bastante dolorosa para mí, porque tengo la sensación de que la sociedad vasca, principal beneficiaria del Concierto Económico (y, dentro de ella, tú mismo, si habitas en el País Vasco) no está defendiendo adecuadamente este modelo de relación con el Estado.

Finalmente, y en tercer lugar, pretendo trasladarte que esta cuestión que estamos analizando no es solo política e institucional, sino también personal. En otras palabras, que la crítica, el desdibujamiento, la anulación del Concierto Económico, o un aumento inmoderado del Cupo te afectarán a ti, directa o indirectamente, con carácter inmediato y además, complicarán tu futuro.

Con todo ello, pretendo hacerte llegar una amable llamada de atención, suscitar tu reflexión y, tras ello (¡así lo espero!) que reacciones en defensa de “tu” Concierto. 

El Concierto y el Cupo variarán, como lo han hecho desde su nacimiento

La conclusión obvia que se deduce del ramillete de los veintidós explosivos “misiles” dialécticos que hemos analizado a lo largo y a lo ancho de otros tantos capítulos de esta Parte Octava, ya conoces que es triple, y seguro que ya la habrás adivinado: el Concierto es inaceptable, por distintas razones de acuerdo con sus críticos. Por tanto, o se suprime, o se cambia o hay que aumentar sustancialmente la cantidad que paga Euskadi al Estado en concepto de Cupo.

Un planteamiento interesado

Es por ello que no estamos hablando solo de una cuestión filosófica (del tipo de algo que siempre me ha preocupado y seguro que a ti también: ¿cuál es el sexo de los ángeles?), sino también del algo trascendental, en su doble vertiente: política –pues afecta al bloque constitucional y estatutario– y “crematística”. Por lo tanto, de una u otra forma, se trata de un conjunto de planteamientos que son todo menos “naïf”.

(Después de la locución latina con la que te he obsequiado antes, ya ves que mi conocimiento del francés es muy profundo. Podría haber escrito “naif”, pero he preferido hacerlo en la lengua de Molière. ¡Soy un fatuo infumable!).

En otras palabras, estamos ante posiciones claramente interesadas y que tienen como objetivo igualar a Euskadi (y a Navarra, por extensión) con el resto de Comunidades Autónomas. Se trata de tirar por la borda 137 años de Historia de un modelo de relación singular, impuesto en 1878 por el propio Estado, y situarnos de nuevo en la conflictiva situación de confrontación del último tramo del siglo XIX. Lo he preguntado antes y lo repito: ¿a quién beneficia todo ello?. Haciendo daño al País Vasco, ¿a quién se favorece?

A todo lo anterior, habría que añadir otra pregunta más: ¿por qué hay que eliminar el Concierto, cambiarlo de arriba abajo o aumentar el Cupo exponencialmente?

Por supuesto que el Concierto puede ser modificado

Porque conoces perfectamente que es una institución viva, como lo demuestra un hecho indiscutible: se ha adaptado perfectamente a todos los cambios del sistema tributario, a lo largo de 137 años, en coyunturas políticas muy diferentes, lo cual me parece que no está nada mal.

Pero se adaptará siempre en el futuro, como lo ha hecho en el pasado, mediante un pacto y cuando toque. Como ocurrió por última vez el 16 de enero de 2014, con el acuerdo que adoptó la Comisión Mixta del Concierto Económico para la concertación de siete nuevos impuestos, la ratificación de los acuerdos bilaterales en materia de estabilidad presupuestaria y la modificación y composición de la Junta Arbitral731. Todo ello fue aprobado por Ley el 21 de abril de 2014 (por cierto, como recordarás, con un resultado muy favorable, el 97% de votos a favor en el Congreso de los Diputados).

Como en ocasiones anteriores, esa modificación del Concierto la pactó una Comisión Negociadora bilateral encabezada, en este caso, por el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro (que también presidió la Comisión que pactó el Concierto de 2002), y el Consejero de Hacienda y Finanzas del Gobierno Vasco, Ricardo Gatzagaetxebarria.

Cambian los protagonistas, se adapta su texto a la cambiante realidad política, tributaria, financiera, económica, social… pero el sistema concertado permanece.

Ese es el camino y no ningún otro para cambiar el Concierto y hacer de él un instrumento siempre al día. Y el 97% de votos a favor que cosechó en esa última votación en el Congreso de los Diputados (y el apoyo súper-mayoritario que logró en las otras trece votaciones anteriores en el Congreso de los Diputados) demuestra que el Concierto está consiguiendo resistir, hasta el momento, el aluvión de críticas que recibe. Pero, a pesar de ello, no se puede bajar la guardia… y hay que aumentar su defensa y, también, sus defensores. Tú, entre ellos, sin ir más lejos.

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