Entramos en uno de los Títulos más importantes de esta Parte Octava de la obra, porque en él vamos a ver una serie de planteamientos que, por la resonancia que tienen las manifestaciones políticas, son en conjunto muy dañinos para el régimen del Concierto. Pero el hacer daño, en términos de creación de opinión pública es relativamente sencillo: basta hablar enfrente de un micrófono y lanzar una soflama que permita unos llamativos titulares para que el Concierto sufra una nueva agresión.

No pienses que las manifestaciones de distintos políticos que vas a leer a continuación serían merecedoras de la concesión de un Premio Nobel. Como señalaba acertadamente el catedrático emérito de Historia del Derecho, y gran experto en el Concierto Económico y el Convenio navarro, Gregorio Monreal, el 18 de mayo de 2015, “el discurso de algunos políticos contra los Conciertos revela un populismo elemental para abordar problemas muy complejos jurídica, técnica y económicamente. La mayoría de esta gente no ha leído una letra sobre la historia de los Conciertos o simplemente sobre la historia del País, se nutren de restos vulgarizados de las ideologías centralizadoras más elementales, han oído algo, es una gran frivolidad. Si a estos señores les hacemos un examen básico de derecho, suspenden”171.

Sentado lo anterior, que define una realidad muy triste, los ataques más trascendentales para el Concierto Económico son los que vienen de aquellos partidos políticos, o responsables de los mismos, cuya concepción de España –legítima, pero discutible– es la de un Estado centralizado y centralizador o de aquellos otros que tienen aproximaciones interesadas o populistas a cuestiones complejas, como es ésta.

Unas veces se acercan a ella con ideas preconcebidas o prejuicios y otras con planteamientos sin fundamento, cuyo único objetivo seguro que has adivinado cuál es: obtener votos en el resto del Estado, atacando a la institución del Concierto y, con ello, a Euskadi, una actuación que, al parecer, tiene jugosos réditos electorales en ciertas zonas de España. ¡Qué triste! ¿No crees?

Uno de los enemigos acérrimos del Concierto, el donostiarra Fernando Savater, filósofo e intelectual muy destacado y principal inspirador intelectual, y por eso le cito aquí, del partido UPyD escribía en julio del 2015 que “el americano Paul Krugman, que es Premio Nobel de Economía como Henry Kissinger lo fue de la Paz, acertó por una vez y sin que sirva de precedente al hablar de las “ideas zombis”. Son esas ideas siempre fuente de malentendidos, mil veces refutadas por los razonamientos y que siguen cada vez más horrorosas pero aún vivas, dando tumbos y gruñendo”172. Pues bien, las ocho ideas que vamos a comentar a continuación pueden entrar, sin duda, en esa noble categoría.

Para que puedas leer con más facilidad este Título, te anticipo los capítulos que integran el mismo. Son los siguientes:

  • La petición de supresión del Concierto Económico o su minusvaloración.
  • El Concierto es discriminatorio.
  • El Concierto vasco es un privilegio.
  • El País Vasco no cumple con el principio de solidaridad.
  • El Concierto no cumple con el principio de igualdad.
  • El Concierto Económico vasco es “oscurantista”.
  • El Concierto Económico es una “antigualla”.
  • El Concierto tiene fecha de caducidad en Europa
  • ¿Cómo te suenan estos ocho ataques políticos?

Como habrás deducido de la lectura de cómo he titulado los capítulos a los que voy a dedicar atención a continuación, los ataques políticos que se realizan contra el Concierto Económico se pueden dividir en dos grandes categorías. La primera, agruparía todas las peticiones de supresión del Concierto Económico. La segunda, se centra en descalificar aspectos esenciales del mismo.

Como puedes suponer, la segunda “alimenta” a la primera, pues fundamenta la petición de supresión del Concierto o una posición más sutil, pero también dañina: el Concierto puede mantenerse, pero hay que aumentar sustancialmente el Cupo. No se trata de “revisarlo” periódicamente, lo cual entra dentro de las reglas establecidas, pues ya sabes que su metodología se aprueba por Ley de las Cortes Generales, cada cinco años, sino de pedir un aumento en cantidad inaceptable, cuestión importante a la que dedicaré varios capítulos en uno de los últimos Títulos de este Tomo.

Como habrás adivinado de todo lo anterior, por unas u otras razones, el Concierto no goza de muy buena prensa política, no al menos en el plano de las manifestaciones verbales que se reiteran una y otra vez, no para ilustrar al pueblo, sino para obtener votos del mismo.

Pero, como ya conoces sobradamente, hay un hecho incontrovertido: el Concierto, el Cupo y las modificaciones que ha experimentado desde 1981, no las aprueban los vascos mediante sus representantes en el Parlamento Vasco o en las Juntas Generales de los tres Territorios Históricos, sino las Cortes Generales, previo pacto entre la representación del Estado y la del País Vasco. Y, sorprendentemente, en el Parlamento español tienen presencia activa y decisiva algunos partidos políticos que cuentan con representantes que han tomado este régimen como un muñeco de pim-pam-pum.

En otras palabras, Euskadi, los vascos, no tienen capacidad de imponer su régimen tributario o financiero diferenciado, sino solo de “convencer”. Es otra institución, las Cortes Generales, en la que el peso de los votos vascos es marginal, la que aprueba lo pactado. Porque en las mismas, en su configuración actual, la ciudadanía vasca solo elige dieciocho diputados entre los trescientos cincuenta que forman el Congreso (un magro 5,1%) que, además, están sometidos a la disciplina de voto de partidos políticos no siempre favorables al Concierto Económico.

(Así, cuando el Pleno del Congreso de los Diputados se dispuso a votar la toma en consideración de la Proposición de Ley que defendía el llamado “blindaje” del Concierto Económico, el 13 de octubre de 2009, tres diputados vascos del Partido Popular, los Sres. Alonso –en diciembre de 2014 Ministro de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, tras una fulgurante carrera política–, Azpiroz y Astarloa, se ausentaron del hemiciclo para no votar en contra de esa propuesta, como finalmente hizo su partido. Posteriormente, cuando el 17 de diciembre de aquel año se votó la Proposición de Ley, esos tres diputados populares no rompieron la disciplina de voto173. Como dato significativo, Unión del Pueblo Navarro-UPN se abstuvo).

Por tanto, podríamos concluir diciendo que, aunque el Concierto vasco –mucho menos, como te he apuntado en un capítulo anterior, el Convenio navarro, a pesar de ser básicamente iguales, lo cual es un revelador indicio del trasfondo político que les rodea– es objeto de críticas feroces, cuando se trata de negociar y de votar los dos Conciertos aprobados desde la restauración de la democracia en España o las modificaciones que periódicamente hay que incorporar al mismo, por cambios en el sistema tributario o Leyes Quinquenales de Cupo (porque, te acabo de apuntar, el Cupo, una parte esencial del Concierto, pasa cada cinco años por las Cortes Generales), las posiciones de los partidos políticos se atemperan.

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