¿Estás preparado paciente lectora o lector? ¿Tienes la moral alta? ¿Tu ánimo es suficiente? Te hago todas estas preguntas porque vamos a entrar en una de las Partes más dolorosas que se refieren al Concierto Económico. Toda esta Sección Octava de la obra va a estar dedicada a analizar y tratar de desmontar las múltiples y variadas descalificaciones que, por una u otra razón, recibe el sistema concertado.

Centrándonos en lo que se refiere al Título primero de esta Parte, observarás en primer lugar que lo hemos identificado de una forma muy expresiva con tres palabras que cobran plena significación atendiendo a lo que vas a leer: “En tierra hostil”, añadiendo la expresión “defendiendo al más débil” pues así es como yo siento al Concierto en estos momentos.

El primero de los capítulos que vienen a continuación va a llevar también este título de inspiración cinematográfica.

En el segundo voy a tratar de convencerte de que al Concierto le persiguen excesivos estereotipos, acusaciones y falsedades de todo tipo.

Tras la lectura del tercero de ellos, también podrás confirmar que el Concierto es atacado muchas veces desde el más absoluto desconocimiento. Cuando algo no se conoce, y además goza de eso que se denomina mala fama, se le descalifica.

El cuarto capítulo de este Título lo vamos a dedicar a hacer una valoración general de las calumnias, los errores, los ataques y las críticas del Concierto.

Finalmente, en el quinto capítulo analizaré un hecho curioso: la diferente intensidad entre los ataques que padece el Concierto Económico vasco y el Convenio navarro, por razones fundamentalmente políticas que no se te ocultarán, al menos hasta las pasadas elecciones de mayo de 2015.

Como ves, vas a tener una entrada muy movidita en esta Parte Octava y creo que ahora entenderás por qué he empezado planteándote en las primeras líneas tres interrogantes muy directos. Espero que disculpes mi atrevimiento y que tengas interés en empezar a conocer toda la lamentable situación que padece, con enorme injusticia, el sistema concertado.

 

En tierra hostil

Seguro que has oído hablar o incluso hayas visto la película americana de 2008 que lleva este título, dirigida por Kathryn Bigelow, en la que se relata el día a día de una brigada estadounidense antiexplosivos desplegada en el peligroso territorio iraquí. Quizá conozcas también un programa de Antena 3, que se empezó a emitir en el año 2015 bajo esta misma denominación, en el que se realizaban entrevistas a españoles que vivían en las zonas más conflictivas del planeta.

Pues bien, el contenido de este Título no tiene que ver con ninguna de las dos referencias anteriores sino, como habrás adivinado, con la propia situación del Concierto vasco. Porque este, sin ningún género de duda, vive en un escenario que podríamos calificar claramente de hostil.

Un País Vasco foral que siempre ha suscitado recelos

Pues bien, esto que es constatable, parece ser una constante histórica, porque desde su nacimiento en 1878, el régimen concertado ha sido objeto de críticas, como lo fueron los Fueros vascos en la época inmediatamente anterior y has visto con todo detalle en la Parte Tercera de esta obra, en la que hemos repasado la historia del Concierto y sus antecedentes. Muestra de ese clima de rechazo fueron las manifestaciones muy intensas que se produjeron en la segunda mitad del siglo XIX para solicitar la supresión de los mismos.

Aquel complejo tema desataba pasiones en aquellos lejanos tiempos pues, además de su especificidad política, pervivía en una España marcada por las Guerras Carlistas. Así, en abril de 1864, las fuerzas vivas de Santander, a las que se unieron las de otras ciudades como Jerez y Valladolid, presentaron en las Cortes una encendida exposición, apoyada por una activa campaña de prensa, que planteaba directamente la abolición de los Fueros, al considerarlos unos privilegios de los que carecían las otras cuarenta y seis “provincias contribuyentes”.

Unos años más tarde, se celebró una importantísima reunión convocada por el entonces Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo el 1 de mayo de 1876, inmediatamente después de la finalización de la Tercera Guerra Carlista. Asistieron a ella doce Comisionados vascos, cuatro en representación de cada Diputación. Pues bien, para sorpresa del convocante   –dado que la ideología de los representantes vascos no era carlista, sino liberal– aquella reunión y las que le siguieron los días 7, 12 y 14 siguientes, se saldaron sin acuerdo. Posiblemente ocurrió así porque era generalizada, incluso entre las élites de ideología no carlista, la percepción de que los residuos que quedaban de los Fueros (tras la promulgación de la famosa Ley de 25 de octubre de 1839 por la que se respetaba el sistema foral vasco “sin perjuicio de la unidad constitucional”), eran importantes para el futuro de los tres territorios vascos, tras las casi cuatro décadas del periodo que hemos denominado “neoforal” en la Parte Tercera.

El fracaso de aquel primer intento negociador tuvo consecuencias. Inmediatamente después, y supongo que alentadas desde el propio Gobierno, comenzaron a realizarse una serie de manifestaciones en Zaragoza y Santander, a favor de la abolición de los Fueros. Fueron seguidas de una enorme campaña de prensa, acompañada de una avalancha de peticiones      –¡entraron en el Congreso de los Diputados nada menos que 210!– y una dramática discusión en las Cortes2, en la que se puso sobre la mesa, algo en lo que desde la época del General Espartero no se había entrado: el significado del principio de “unidad constitucional” establecido en la Ley de 25 de octubre de 1839, antes citada.

El final de esta historia ya lo conoces: los Fueros fueron definitivamente liquidados por una Ley de 21 de julio de 1876 y el 28 de febrero de 1878 aparece, por imposición de Cánovas, “manu militari”, un régimen provisional, al que posteriormente se le conoce como “Concierto Económico”. Pues bien, el nuevo sistema heredó los mismos recelos que sus antepasados forales.

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