El Concierto Económico: columna vertebral de la Autonomía Vasca y un protagonista clave en la transformación de Euskadi

Aunque ya sabes que el sistema concertado no es esa varita mágica que puede convertir en oro, sin esfuerzo alguno, todo lo que toca, no debes caer en el error de pensar que, si esto es así, su valor es mínimo. ¡En absoluto!

Si esa es la sensación que tienes a estas alturas de la obra, después de haberte descrito todas las valiosas y variadas aportaciones del Concierto, es obvio que la argumentación se me ha ido de las manos. Para centrar el tema adecuadamente, te ruego que leas con atención este capítulo para que conozcas otra vía de singular contribución del sistema concertado a la situación que hoy disfruta Euskadi.

Una transformación que tardó en llegar

Creo que es conveniente que te recuerde, llegado a este punto, que en las tres últimas décadas, tras la recuperación del sistema concertado para Bizkaia y Gipuzkoa en 1981 y la potenciación del de Araba, Euskadi ha sabido transformarse profundamente. Lo ha hecho construyendo su particular “bridge over troubled waters”.

(¿Recuerdas aquel quinto y último álbum que el mítico dúo Simon&Garfunkel lanzó el 26 de enero de 1970, con ese título tan expresivo, y que fue un bombazo mundial? A mí todavía me encanta oírlo de vez en cuando. ¿Será porque me trae el recuerdo de mis ya lejanos años mozos?

En Euskadi vivíamos entonces en plena Dictadura franquista y el Concierto desde el 23 de junio de 1937 había quedado territorialmente reducido a Araba, por una injusta decisión del General Francisco Franco, en plena Guerra Civil española. Además de las graves tensiones políticas, comenzaban a dibujarse en el horizonte los arduos problemas que unos años después derrumbarían la economía vasca.

Había que construir un nuevo “bridge over troubled waters”, un puente sobre aguas muy turbulentas. Y hasta 1979 no comenzó a ponerse la primera piedra, con la aprobación del Estatuto de Gernika. En 1980 se puso la pilastra central, el Concierto. Y gracias a ella, paso a paso y con enorme esfuerzo, aquel puente pudo concluirse.

Pero volvamos a aquella mítica canción. Si eres talludito, como yo, ¡seguro que serás capaz de tararearla todavía! Y si no has llegado a una edad que te permita recordarla, permíteme que te recomiende su descarga y que la oigas. ¡Verás que es preciosa! Y confío en que, al escucharla, te ayude a recordar lo que aportó y aporta el Concierto).

Aunque las aguas de toda la larga época cubierta por el sistema concertado han sido siempre muy turbulentas (en lo político, lo social, lo económico, lo cultural), con el Concierto se construyó un sólido puente que cubrió, no solo el periodo al que me acabo de referir, sino más de un largo siglo. Gracias a ello, Euskadi ha logrado superar las consecuencias de tres guerras civiles y dos mundiales, varias crisis globales y locales (como la que todavía nos sigue castigando en 2015), un par de revoluciones, la desaparición de sectores que eran pilares de nuestra economía, la volatilización de riquezas naturales, la eliminación de los aranceles proteccionistas, etc.

Y situándonos de nuevo en los peligrosos años 80 del siglo pasado, en el que me tocó negociar el Concierto, la crisis golpeaba al País Vasco durísimamente. La economía vasca tardó muchos años en recuperarse plenamente y en los 90 cayó en una nueva recesión.

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