Ya conoces que Euskadi, con su Concierto, disfruta de las poderosas potencialidades de un sistema financiero y tributario diferenciado. Este aporta un significativo valor, en muy diversos campos y expresiones, a la sociedad vasca y a cada uno de los que la integran. Y, además, como te he apuntado más arriba, es un elemento sustancial no solo para el País Vasco, sino también para el Estado, pues le aporta estabilidad.

Aunque, como te comentaré enseguida, al Concierto no se le conoce, valora y aprecia lo suficiente en el propio País Vasco –lo cual para mí resulta incomprensible, lamentable y peligroso y estoy seguro de que también lo será para ti–, constituye un elemento sustancial para construir un mejor futuro para la Comunidad Autónoma Vasca, una cuestión que resultará capital, amigo lector o lectora, sobre todo si tienes una edad menos avanzada que la mía.

En otras palabras, un viejecito como yo poco puede esperar ya del futuro. Pero si visualizas, con una mezcla de esperanza y de prudente preocupación, la alentadora perspectiva de que, afortunadamente, tienes muchos años de vida por delante, para una persona como tú el Concierto es un elemento de extraordinaria importancia, si resides en Euskadi.

Disfrutes de una u otra condición, habrás comprobado que estoy tratando de hacerte llegar una reflexión personal, poniendo el acento en lo que es el País Vasco y en el papel que ha jugado el Concierto para construir esa realidad (y también en el que no ha jugado, pues ya sabes que no es una varita mágica).

Tras ello, en este Título vamos a abordar tres cuestiones que son interesantes para completar todo lo que venimos analizando y que desarrollaré en cada uno de los capítulos siguientes:

  1. Euskadi no es el paraíso.
  2. El Concierto requiere de la existencia de un entorno modélico.
  3. Un sistema de singular transcendencia, poco percibida por los vascos.

En el primero de los capítulos anteriores, quiero dejarte claro que Euskadi no representa el más maravilloso de los mundos. No estamos ante una especie de Arcadia feliz, un lugar en el que reina la dicha, la ventura y la alegría en un ambiente idílico. Huyendo de románticas ensoñaciones, pretendo que conozcas cuáles son las limitaciones que hoy tiene el País Vasco para garantizar un mejor futuro a sus habitantes. Con ello, deseo reforzar la idea de que el Concierto no lo es todo, como te he anticipado en capítulos anteriores.

El segundo de los capítulos, el capítulo 20, ya ves que tiene un título lo suficientemente expresivo como para no añadir ninguna explicación más. El Concierto es un sistema muy delicado, por diversos motivos que seguro que habrás percibido. De la misma forma que para cultivar la más hermosa de las rosas debes plantarla en tierra neutra o ligeramente ácida, rica en materia orgánica, con buen drenaje y con mucho espacio, aire y sol (no te preocupes que no te voy a pasar factura de estas lecciones gratuitas de jardinería), el sistema concertado requiere de un terreno también neutro (que, en este caso, se entiende como “favorable”) sin el veneno de la corrupción y caracterizado por la buena administración.

Por último, en el capítulo con el que se cierra este Título, voy a desarrollar la sorprendente conclusión que te apuntaba unas líneas más arriba, pues el Concierto es poco conocido, no solo en Turkmenistán o Papúa Nueva Guinea (lo cual resulta explicable, como lo es que no sea objeto de atención en Malcocinado (Badajoz) o en Pozal de las Gallinas (Valladolid)), sino en el propio País Vasco y por ello, su transcendencia solo la percibe una exigua minoría de sus habitantes. ¿A que te has quedado sorprendido?

Pues bien, si esa es la situación a la que has llegado, quizá te venga bien recordar o conocer aquello que cantaba Rubén Blades (por si no te suena, es un cantante panameño muy destacado de lo que se conoció como “salsa intelectual”) en su famosa “Pedro Navaja”, en la que el estribillo final proclamaba: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay, Dios! Maleante pescador, el anzuelo que tiraste, en vez de una sardina, un tiburón enganchaste”.

Mira por dónde el amigo Rubén, que seguro no habrá oído hablar del Concierto –a pesar de que después de la canción se dedicó a la política y llegó a ministro de su país– acertó plenamente con su letra, porque a mí la vida me dio una sorpresa tremenda cuando escribí ese capítulo. Llegué a la sorprendente conclusión de que, a pesar del enorme valor del Concierto y de que constituye el pilar central de la autonomía vasca, no se acaba de percibir suficientemente la relevancia de tan singular sistema ¡en el propio País Vasco! Increíble pero cierto, asombrada lectora o lector.

¿Qué te parece el planteamiento de este Título? Empleando una expresión que se utiliza en Colombia, ¿te provoca? Pues, si todo ello te interesa, te invito a que me acompañes a explorarlo y empieces a leer el capítulo que sigue, en el que vamos a tratar de situarnos en la realidad de Euskadi, después de lo que ya has leído página tras página para justificar que es una realidad diferenciada. Un estimulante comienzo, ¿no crees?

Este Título no termina aquí. Si quieres continuar su lectura puedes hacerlo online o descargártelo en pdf. Elige a continuación la opción que prefieras:

Si te ha gustado este contenido ¡Compártelo!

indicecompleto

ActualizacionesObra

Política de privacidad de datos